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SERIE MISCELÁNEA:

Analogías Entre Edvard Munch y Van Gogh


Título: "El Grito"

Año de Realización: 1893

Dimensiones: 91 x 73.5 cms.

Materiales: Tempera y pastel sobre tabla.

Ubicación: Galería Nacional (Oslo)


El verano pasado leí un libro sobre Edvard Munch, publicado por Ediciones Polígrafa S.A. en 1989, y cuyo autor es Alf Boe, director del Museo Munch de Oslo. 32 páginas de texto y 96 de láminas.

Desde el comienzo de su lectura, el libro captó poderosamente mi atención por dos motivos fundamentales, primero, por la forma en que el autor ha estructurado y desarrollado el texto; a mi modo de ver, la mejor monografía breve que nunca he leído sobre un pintor; y en segundo lugar, por las analogías que existen entre Munch y Van Gogh.

A continuación se describen las afinidades que he hallado entre ambos pintores:


CONCENTRACIÓN DE SUS OBRAS. Munch nació en 1863, diez años después de Van Gogh, en Noruega, y muere en 1944 a la edad de 81 años. En 1880, cuando tenía solo 17 años, decide dedicarse a la pintura. Coincidentemente, en ese año, también Van Gogh se decide por la misma profesión.

Tras 64 años de actividad artística, Munch donó al Ayuntamiento de Oslo toda la obra que poseía: 1000 pinturas, 15000 aguafuertes, litografías y xilografías, 4500 acuarelas y dibujos, junto con una serie de esculturas.

En los últimos años de su vida dijo: “Mi obra no será realmente interesante hasta que pueda ser contemplada y cotejada en un contexto único, todos los estudios y todos los bocetos junto a las obras acabadas a lo largo de mis distintas etapas”.

Van Gogh dejó también la casi totalidad de su obra a su hermano Theo. Al morir éste pasó a su esposa Jo y a su hijo Vincent. Actualmente la mayor parte de su producción se encuentra repartida entre el Museo Van Gogh en Ámsterdam y el Museo Kröller-Müller en Otterlo, ambos en Holanda.

No cabe la menor duda que esta concentración ha facilitado enormemente el conocimiento de las obras de estos pintores, la investigación sobre las mismas y su divulgación.


CUADERNOS Y CARTAS. A través de sus cartas, Munch manifestó su deseo de publicar una compilación de sus escritos en la que “las notas del diario de mi alma” acompañaran a sus pinturas, de manera que “cuadros y escritos quedaran unidos en una obra única”.

Vincent van Gogh dejó una amplia correspondencia que, si bien no fue escrita con la intención de ser divulgada posteriormente, lo que da más autenticidad y credibilidad a su contenido, se ha convertido en una base documental valiosísima para la comprensión de su vida y de su obra.


ANALOGÍAS PERSONALES. A lo largo de la historia de la humanidad, el artista ha representado el mundo que le rodea según su propia interpretación. A principios del siglo XIX comienzan a ponerse en duda las excelencias de las viejas verdades, con lo que se acrecienta el valor de la intuición del artista para desvelar los misterios de la vida. Por ello, para comprender la obra de un artista, cada vez cobra mayor importancia el conocimiento de su filosofía de la vida y su fe como individuo.

Religiosidad. Munch se crió en el seno de una familia protestante ortodoxa, siendo, por tanto, los valores y creencias cristianos los que constituían los criterios morales familiares. Existía el pecado y el castigo consiguiente, así como la resurrección después de la muerte.

Los mismos criterios religiosos fueron asumidos por Van Gogh, pero ambos artistas, en un momento de sus vidas, se alejan de la ortodoxia religiosa, con lo que sus cosmogonías se destruyen y se crea en ellos una cierta inestabilidad y una tendencia al panteísmo.

No obstante, el rechazo de una religión no supone la eliminación total de su influencia dentro del individuo, y así, Munch conservó para siempre la necesidad de reflexionar sobre los misterios transcendentales de su existencia, mientras Van Gogh seguía creyendo en una vida después de la muerte. Ambos pintores, a pesar de sus disidencias religiosas, fueron fieles admiradores de la figura y del mensaje de Cristo. Munch, en 1934 dijo “...mi declaración de fe: me inclino ante algo a lo que se puede llamar Dios- las enseñanzas de Cristo me parecen las más sublimes que existen, y el mismo Cristo está muy ceca de la divinidad- si es que se puede utilizar esta expresión”.

Ideas políticas. Van Gogh, aunque nunca manifestó ideas políticas, sus sentimientos le situaban próximo al socialismo, reflejando en su obra los sectores mas desfavorecidos de la sociedad como campesinos, tejedores o ancianos.

Munch también toma como motivos a labradores, pescadores y obreros. Tal vez por ser hijo de familia acomodada venida a menos, manifestaba sentimientos de desprecio hacia las clases adineradas. Veía con simpatía la revolución rusa y el avance del socialismo, pero jamás se adhirió a ningún movimiento ni manifestó en público sus ideas políticas.

Ideas sobre la familia. A pesar de sus intentos, Van Gogh no pudo llegar a constituir una familia estable. Quizá, en el fondo, su propio carácter le impedía tener una larga relación personal, pero al mismo tiempo, tras su convivencia con Sien, pensaba que la vida familiar limitaba grandemente su capacidad de pintar. “Mi trabajo es mi deber, es más importante que la mujer, y el trabajo no debe sufrir por causa de la mujer”.

Tampoco Munch tenía buena opinión de la familia, hasta el punto de que pensaba que en la vida familiar no podían prosperar libremente las fuerzas creativas del hombre.

Ambos pintores mantuvieron unas relaciones tempestuosas con sus padres como consecuencia de sus alejamientos de las normas de conducta y religiosas seguidas por sus progenitores. Van Gogh convivió con una prostituta, ante el escándalo hipócrita de la sociedad de su tiempo, y Munch mantuvo una relación amorosa con una mujer casada.

Memoria fotográfica. Otro aspecto en el que coinciden ambos pintores es el de poseer unas memorias prodigiosas. En anteriores artículos se ha comentado la capacidad de Van Gogh de describir hasta en mínimos detalles cuadros vistos años atrás, o citar decenas de obras, autores y caracteres de obras literarias.

De Munch se dice que pintaba con el pensamiento, que previamente estructuraba y coloreaba su obra con la mente y, una vez completado el cuadro ideal en su imaginación, procedía a ejecutarlo. “No pinto lo que veo, sino lo que vi” solía decir.

Salud mental. Como es popularmente conocido, Van Gogh sufrió ataques de una enfermedad mental, aún hoy no bien conocida, que le hizo internarse voluntariamente durante un año en el hospital de Saint Remy de Musola. Munch, en 1908 sufrió una profunda depresión que le obligó a internarse en un sanatorio mental; posteriormente regresaría a Noruega donde se refugiaría a trabajar en absoluto aislamiento en una granja cerca de Oslo.

Soledad. Todo artista lucha entre la soledad y la compañía. Ambas son necesarias para su desarrollo personal y artístico. En la compañía de otros pintores puede conocer los movimientos y tendencias que surgen en el mundo del arte, mientras que en la soledad da libre salida a sus sentimientos artísticos.

Pero sobre esta alternativa normal, existe la soledad no deseada, la soledad impuesta, la soledad forzada que Van Gogh transmite en algunos de sus cuadros. También Munch, en gran parte de su obra subraya la soledad del hombre y su aislamiento psicológico.

El precio del arte. También coinciden los dos pintores en la valoración del esfuerzo que tiene que hacer el artista para la consecución de su obra.

En relación a este tema Van Gogh se manifiesta repetidas veces:

“Me deprime pensar que, aún cuando se tenga éxito, la pintura nunca paga lo que cuesta...”

“Mis cuadros carecen de valor aunque ciertamente, a veces, me costaron mucho en sangre y en cerebro...”

Esta frase aparece en la carta 652, encontrada en un bolsillo cuando se suicidó: “...Mi propio trabajo, estoy arriesgando mi vida por él y mi razón se ha medio destruido a causa de él...”

Por su parte, Munch también manifestó varias veces en su cuaderno que “el arte se ha de nutrir con la sangre del artista”, si bien es posible que pudiera haberse inspirado en Nietsche, quien en su libro “Así hablaba Zaratustra” decía: “De todo cuanto he escrito solo amo aquello que uno escribe con su propia sangre: Escribe con sangre y verás que la sangre es espíritu”.


ANALOGÍAS ARTÍSTICAS.

Dimensión autobiográfica de sus obras. Este es un hecho a destacar entre los dos pintores. No solo la dimensión autobiográfica de sus obras se refleja en los autorretratos, en los que ambos artistas se prodigan; no solo en la aparición de ellos mismos, sus rostros o siluetas más o menos definidas, entre los personajes de sus cuadros; sino por la translación al lienzo de sus ideas sociales o sus angustias personales.

Realismo. Este es un concepto que, paradójicamente, une y separa a ambos artistas.

Van Gogh es un pintor realista poco propicio a hacer cuadros de temas imaginarios. Munch, por el contrario, es un simbolista, sus raíces se aproximan mas a Gauguin que a Van Gogh, pero mantiene un alto grado de fidelidad al realismo cotidiano de sus representaciones, dejando que el contenido espiritual de su pintura surja a partir de un trasfondo de lugares y objetos reales.

Ambas actitudes realistas tienen unas raíces profundas comunes en el naturalismo imperante en la década 1880-1890, fechas que coinciden con la vida pictórica de Van Gogh y la etapa inicial de Munch.

Expresionismo. El expresionismo surge por circunstancias dolorosas y en temperamentos de por sí dramáticos, a causa de problemas sociales, mentales o psicológicos. En el caso de nuestros artistas, tal vez un sentimiento cristiano mal interpretado, con una moral idealizadora, represora de los instintos naturales y su amenaza de la condenación eterna, pudo favorecer un sentimiento de culpa y un sentimiento trágico de la existencia.

Podría decirse que el expresionismo en pintura es como una hipertensión emocional del artista en un momento o periodo determinado, pudiendo tener diferentes grados de intensidad.

El primer pintor expresionista contemporáneo es Goya, siguiéndole a caballo de los siglos XIX-XX Van Gogh, Munch y Ensor, si bien el expresionismo del primero es muy diferente del de los otros dos. En Van Gogh, su amor a la vida y a la naturaleza muestra su esperanza a través de cuadros llenos de luz y colorido, en tanto que Munch, más pesimista y con sus preocupaciones obsesivas sobre la soledad del hombre, el amor, la perversidad femenina y la muerte, produce una pintura de temática y color más sombríos. Su obra más significativa sería “El Grito”, que ilustra este artículo.

Van Gogh posiblemente no conoció la obra de Munch, al menos no es citado en sus cartas, pero Munch tuvo ocasión de estar en contacto por primera vez, y sentirse atraído, con algunos cuadros de Van Gogh en París durante su estancia en 1889/90 con motivo de una beca concedida por el gobierno Noruego.

José Navarro

Utrera (Sevilla) España. Noviembre 2003


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